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Lo primero que quiere poner de manifiesto nuestros Abogados Accidente Aéreo es que las únicas responsables por un accidente de avión son las Compañías aéreas y tendrán que pagar por esa responsabilidad frente a los Familiares de las Víctimas. La responsabilidad de las compañías aéreas por los perjuicios sufridos en accidentes aéreos en caso de fallecimiento, lesión o cualquier otro daño corporal sufrido por un pasajero siempre que el siniestros que haya causado el perjuicio haya ocurrido a bordo de una aeronave o en el curso de cualquiera de las operaciones de embarque o desembarque, se regula en el Convenio de Montreal y en el Reglamento (CE) 889/2002 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de mayo de 2002.

Las disposiciones del Convenio de Montreal relativas a la responsabilidad por accidente de avión del transportista aéreo en caso de muerte o lesiones del pasajero, son aplicables a las compañías aéreas comunitarias, con independencia de los puntos de origen y destino de los vuelos y del carácter nacional o internacional de los mismos. No hay límite económico fijado para la responsabilidad en caso de lesiones o muerte del pasajero. La indemnización no debe ser inferior al daño, ni tampoco superior. La responsabilidad de las compañías aéreas comunitarias viene establecida en dos niveles:

Hasta la cifra de 100.000 unidades de indemnización, por pasajero, la responsabilidad de la transportista es objetiva, de modo que la compañía aérea no podrá excluir ni limitar su responsabilidad en cifras indemnizatorias que no superen la expresada suma. Por encima de esta cantidad, la responsabilidad es por culpa o dolo. El art. 21.2 CM determina las dos situaciones en las que el porteador puede impugnar una reclamación de indemnización del daño cuya cuantía supere los citados 100.000 DEG por pasajero:

  1. Cuando el transportista pruebe que el daño no se debió a la negligencia o a otra acción u omisión indebida suya o de sus dependientes o agentes; o
  2. si el daño se debió únicamente a la negligencia o a otra acción u omisión indebida de un tercero.

A las sumas indemnizatorias hay que agregar los intereses en los que pueden incurrir por mora las compañías aseguradoras. Los familiares de las víctimas para los que son competentes los tribunales españoles y ejerciten la acción directa frente a la compañía de seguros (art. 76 Ley de Contrato de Seguro) podrán reclamar los intereses punitivos regulados en el art. 20 de dicha Ley.

Durante los dos primeros años desde la producción del siniestro, según nuestros Abogados Accidente Aéreo la indemnización por mora consistirá en el pago de un interés anual igual al del interés legal del dinero al tipo vigente cada día, que será el correspondiente a esa anualidad incrementado en un 50% y, a partir de esta fecha, el interés tendrá un tipo mínimo del 20% sin modificar los ya devengados diariamente hasta dicho momento.

Las condiciones generales de transporte aéreo han de respetar las reglas establecidas en los Convenios internacionales, los cuales consagran normas de ius cogens. Cuente con nuestros Abogados Accidente Aéreo para la defensa de sus intereses.

Los arts. 23 y 32 CV y 26 y 49 CM establecen, por un lado, que las cláusulas que contravengan el régimen de responsabilidad impuesto en los Convenios en perjuicio de los pasajeros serán nulas, aunque el contrato en el que se inserten seguirá siendo válido y quedará sometido al correspondiente Convenio, y, por otro, que las cláusulas convencionales anteriores al daño, por medio de las cuales se traten de eludir las reglas de los Convenios mediante la fijación de la Ley aplicable o modificando las reglas de la jurisdicción, serán igualmente nulas y no producirán ningún efecto.

Además de los Convenios internacionales en materia de responsabilidad del transportista aéreo, según nuestros Abogados Accidente Aéreo, las condiciones generales que formen parte de contratos sujetos a la legislación española habrán de respetar las normas sobre inclusión. Mientras que los dos primeros grupos de normas (sobre inclusión y sobre interpretación) se aplican a todas las condiciones generales, aunque formen parte de un contrato celebrado entre empresarios, las normas sobre control dispuestas por la Ley están previstas exclusivamente para los contratos celebrados con un consumidor (art. 8.2 LCGC) (120). A ellas vendrán también sometidas las condiciones generales de contratación del transporte aéreo, ya que quien usa el servicio de transporte, que es generalmente una persona física (121), es considerado de manera general por la doctrina como «usuario», en la acepción jurídica del término.

En este sentido algunos autores matizan que, aun cuando la realización de un viaje por vía aérea raramente puede considerarse un acto típico de la actividad profesional o empresarial desarrollada por el pasajero, conviene dejar a salvo algunas hipótesis, como la realización del transporte aéreo por quien, como guía, acompaña a un grupo de turistas, por quien realiza una inspección del servicio prestado a bordo de la aeronave, o por quien presta el servicio de catering (122). En nuestra opinión no todos las situaciones expuestas permiten concluir que el pasajero deja de tener la consideración de usuario, ya que tal será la calificación que habrá de merecer el guía que forma parte de un grupo de turistas que ha contratado plazas en un vuelo regular, así como el inspector de la Administración, sin relación alguna con la compañía de transporte que ejecuta el vuelo, que suscribe dicho contrato. Por el contrario no serían usuarios del transporte ni quien gestiona el servicio de catering a bordo, ni el guía contratado por la agencia que ha fletado el vuelo chárter, ni el inspector de la compañía que realiza el vuelo como parte de sus funciones de control e inspección. En definitiva, creemos que la clave para dilucidar si un pasajero merece la consideración de usuario consiste en analizar si se desplaza por razones profesionales y si dichas razones trascienden a la relación con el transportista, pues si, a pesar de recurrir al transporte aéreo por motivos profesionales o empresariales, la causa por la que se traslada resulta extraña a la relación entre el transportista y el pasajero (123), lo cual sucederá en la mayoría de las ocasiones, conservará la calificación de usuario.