900 80 22 68 / 627 467 043 LLÁMANOS

Contamos con nuestros mejores Abogados Penalistas para la defensa de la acusación de delito de robo con fuerza. El delito de robo tiene una especial relación con el delito de hurto toda vez que es un mismo tipo penal al que se le añade la característica de la violencia, fuerza o intimidación. El ánimo de lucro no es otra cosa que el tipo subjetivo del delito de robo con fuerza en las cosas.

Por nuestros Abogados Penalistas se define el delito de robo como apoderamiento de cosas muebles ajenas con violencia o intimidación en las personas o empleando fuerza en las cosas, con ánimo de lucro, tal concepción dualista y ambivalente, presenta un marcado carácter genérico o abstracto. En ocasiones nuestros Abogados delito de robo con fuerza en las cosas se han encontrado con la imputación por banda organizada lo que agrava la solicitud de cárcel por parte del Ministerio Fiscal.

puesto que en ambos supuestos se requiere además que concurra alguna de las condiciones o circunstancias que se especifican bien en el art. 501, cuando la violencia o intimidación personal ejercida sobre el sujeto pasivo es el medio utilizado, o bien cuando la fuerza física, real o presunta, en las diversas modalidades señaladas en el art. 504 han sido las circunstancias puestas en juego por el agente para conseguir su propósito delictivo, cuya fuerza en sus diversos aspectos y formas preceptivamente indicadas en el texto punitivo, no es más que la que se precisa, como ordinariamente bastante y suficiente, en cada caso enjuiciado para hacer ineficaz las defensas con las que el propietario, poseedor o tenedor de las cosas o bienes muebles procura, pretende o trata de protegerlos para evitar, dificultar o cohibir los ataques penalmente tipificados e ilícitos contra los mismos, y sólo cuando tales medios protectores resultan forzados, vulnerados o burlados para impedir su apropiación, sustracción, aprehensión, separación o apartamiento de su legal tenedor.

El hecho se conceptúa y reputa como de robo con fuerza en las cosas, si la actuación dinámica ejercitada con tal finalidad por el agente, se acomoda y encuadra en alguno de los cuatro taxativos apartados que enumera y precisa este último precepto punitivo, de los que el primero relativo al escalamiento, tiene una conceptuación legal mucho más amplia que la gramatical -acceso a una altura valiéndose particularmente de una escala- al comprender y significar la entrada a un sitio cerrado por lugar distinto al destinado a dicho objeto, siendo un modo subrepticio de entrar, de ahí que aunque en sentido estricto no es actividad de fuerza material, al realizarse más propiamente con destreza y agilidad, sino una asimilación por ministerio de la ley, se estima constituyente del robo con fuerza en las cosas, por cuanto el culpable revelando mayor peligrosidad, burla las defensas de la propiedad, superando las dificultades del medio y obstáculos acumulados, utilizando el acceso insólito o irregular, que elude el ingreso idóneo o entrada normal en la casa o edificio, al penetrar en él por una vía no destinada al efecto, como legalmente se estableció en anteriores Códigos Penales y luego tradicional y doctrinalmente se ha venido estimando, lo que tanto puede conseguirse, dada la amplitud del verbo escalar, no limitado en el tipo, trepando desde el suelo hasta alcanzar la cosa, como orillando el obstáculo de la pared defensora, como por fin entrando a través de huecos, ventanas o balcones, inadecuados de por sí al servicio de penetración, por requerir siempre actividad de ascenso por pequeño que sea,sin que resulte por ello preciso que tengan cierta altura mínima, ni reclamen un intenso esfuerzo físico del escalador, ni que estén cerrados, pues el inapropiado trepamiento se produce asimismo aunque se hallen abiertos.

Cuente con la Experiencia de nuestros Abogados delito de robo con fuerza.

 

Entre esos hechos básicos y el hecho necesitado de prueba (hecho consecuencia) ha de existir “un enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano”, tal y como dice el citado 386.1 de la LEC. Es decir, ha de haber una conexión entre aquellos hechos y este otro que, acaecidos los primeros, cabe afirmar que se ha producido también el último, porque las cosas ordinariamente ocurren así y así lo puede entender cualquiera que haga un examen detenido de la cuestión. Al respecto se habla de las máximas de experiencia y de los conocimientos científicos con pretensiones de proporcionar unas bases concretas al raciocinio propio de este segundo elemento de la prueba de indicios. Todo puede valer en cada caso para establecer este raciocinio. Lo importante aquí es poner de relieve que no se trata de normas propiamente jurídicas, sino sencillamente de las meras reglas del pensar, para aportar al supuesto concreto un razonamiento que se pueda valorar como adecuado para conducir unívocamente desde los hechos básicos (indicios) al hecho necesitado de prueba. Para ello ordinariamente, como antes se ha dicho, se necesita una pluralidad de hechos básicos y que todos ellos, apreciados en su globalidad, no estudiados uno a uno, nos conduzcan al hecho consecuencia, por ser concomitantes entre sí y por hallarse relacionados unos con otros en esa perspectiva final que es la acreditación de un dato que de otro modo no habría.”

 

Subsumiendo los hechos que nos ocupan en el Derecho que le es aplicable tenemos que en lo que se refiere al primer elemento. Entiende esta Sala que el recurrente tenga que utilizar distintos argumentos para que el derecho a la tutela judicial efectiva de su cliente sea real. Pero el punto de partida es uno y es que la existencia del robo es un hecho indebatible y ello por varias razones.