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El delito con ánimo defraudatorio por excelencia es el delito estafa, que se delimita, según nuestros Abogados Penalistas mediante la existencia de cuatro elementos perfectamente diferenciados. Los elementos básicos del delito de estafa son el engaño, error, acto de disposición y perjuicio patrimonial; junto a ellos, también es necesaria la presencia del ánimo de lucro, así lo indican nuestros Abogados delito estafa.

En todo caso, es imprescindible una relación de causalidad entre estos elementos, es decir, el sujeto activo ha de idear un engaño bastante para causar un error en la víctima, y este error ha de inducir a la víctima a realizar un acto de disposición que le cause un perjuicio patrimonial, todos ellos consuman el delito de estafa.

El Engaño en el Delito de Estafa

Para nuestros Abogados delito de estafa, engañar, según el criterio de nuestros Abogados Delito de Estafa, es hacer creer a una persona algo que no es verdad. No obstante, el Código Penal especifica que debe tratarse de un “engaño bastante para inducir a error”. Por ello, para determinar si el engaño es típico ha de valorarse su idoneidad objetiva para producir el error e inducir al acto de disposición patrimonial, teniendo en cuenta además que no hay engaño bastante si la víctima puede descubrirlo con un cierto nivel de diligencia.delito de estafa en malaga

Para ello, desde un punto de vista imparcial y objetivo hay que atender a las circunstancias del hecho, incluidas las características de la víctima, y los conocimientos que tuviera el autor sobre todo ello.
En este sentido, la jurisprudencia reconoce cada vez con mayor claridad que la víctima tiene deberes de autoprotección frente al engaño.

Abogados delito de estafas

La jurisprudencia considera, en términos generales, que debe realizarse un doble juicio sobre el engaño; por una parte, debe tener entidad para crear una apariencia de realidad y seriedad en el mundo entre personas de mediana perspicacia e inteligencia; por otra, y en concreto, ha de valorarse la persona a la que se dirige el engaño, examinando si, en esas concretas circunstancias, es suficiente para determinar su voluntad. Por ello, el nivel de valoración del engaño es diferente cuando su víctima es un profesional del campo específico. Una cuestión discutida es si cabe el engaño por omisión. A este efecto, se pueden distinguir dos supuestos, según nuestros Abogados delito de estafa. En primer lugar, hay casos en que una omisión, básicamente el silencio de ciertos datos, posee un significado inequívoco en el contexto de una afirmación determinada, de modo que en realidad se produce una acción concluyente engañosa. No hay que olvidar la relación existente entre el delito de estafa y otro tipo delictivo tal y como es el delito de apropiación indebida.

En segundo lugar, hay casos en que todo el engaño está constituido por una omisión, es decir, cuando la conducta consiste en no sacar del error a la víctima. El ejemplo, según nuestros Abogados delito de estafa, más típico es aquel en que un cliente se queda con el exceso de cambio que le ha devuelto el vendedor. Aunque al ocultar la situación se está realizando un verdadero engaño omisivo, no puede considerarse como un engaño propio del delito de estafa, ya que es posterior al error de la víctima, y en la estafa se exige que el error sea consecuencia directa del engaño. No obstante, este tipo de supuestos pueden ser considerados apropiación indebida.

El Error en el Delito de Estafa

Como consecuencia del engaño ha de producirse un error, es decir, una falsa representación de la realidad, y este error ha de provocar que se realice un acto de disposición patrimonial. El engaño, según nuestros Abogados delito de estafa, es consustancial a la disposición posterior.

Por ello, ha de determinarse, en primer lugar, si el error es imputable al engaño o la confluencia de otros factores, como la negligencia de la víctima. Con todo, se admite la existencia de error aunque existan dudas en la víctima, es decir, aunque ésta haya tenido alguna sospecha de la falta de veracidad de lo manifestado por el autor.

La Disposición Patrimonial en el Delito de Estafa

El acto de disposición consiste en cualquier acción u omisión que implique un desplazamiento patrimonial, y puede llevarse a cabo mediante la entrega, cesión o prestación de una cosa, un derecho o un servicio.

Como el acto de disposición ha de ser consecuencia del error, ha de realizarse precisamente por el sujeto que ha sido engañado; sin embargo, este concreto sujeto no tiene por qué ser quien sufra el perjuicio patrimonial (sujeto pasivo del delito), ya que el artículo 248.1 del Código Penal establece que son típicos los actos de disposición realizados en perjuicio propio o ajeno. Por ejemplo hay estafa cuando se engaña a una persona para que entregue una cosa perteneciente a su padre, o a su jefe.

El Perjuicio patrimonial en la Estafa

El perjuicio típico en el delito de estafa se produce cuando el acto de disposición efectuado no obtiene el equivalente debido, es decir, cuando hay diferencia de valor entre lo que sale del patrimonio como consecuencia del acto de disposición, y lo que eventualmente se puede recibir como contraprestación. En consecuencia, en línea de principio no hay estafa si el elemento que sale del patrimonio de la víctima es de igual valor que el elemento que ingresa en ese mismo patrimonio; en todo caso, podría haber derecho a una indemnización de daños y perjuicios de naturaleza civil.

E) Otras cuestiones comunes a las estafas

La estafa se consuma cuando se produce el resultado típico, esto es, el desplazamiento patrimonial y el consiguiente enriquecimiento. El enriquecimiento se logra ya con la disponibilidad sobre la cosa obtenida, sin que sea necesario para la consumación que se obtenga el lucro final que el autor pensaba conseguir, a través de la venta de la cosa.

El delito de estafa se verifica cuando la cuantía de lo defraudado excede de 400,00 €. Si la cuantía es inferior, se da un delito leve de estafa. Para individualizar la pena del delito de estafa, el artículo 249 del Código Penal impone que se tengan en cuenta determinados extremos: a) el importe de lo defraudado; b) el quebranto económico causado al perjudicado; c) las relaciones entre perjudicado y defraudador; aquí debe atenderse sobre todo a la existencia de una relación de confianza entre ambos sujetos, lo que relaja el nivel de diligencia de la víctima; d) los medios empleados para cometer el fraude: se deben tener en cuenta todos aquellos medios que dotan de mayor apariencia de veracidad a la conducta engañosa; e) cualesquiera otras circunstancias que sirvan para valorar la gravedad del delito.

Por lo que se refiere a la relación entre los delitos de estafa y los de delito de falsedad documental que se verifican para cometer la estafa, concurre concurso de normas con la falsedad en documento privado, y concurso medial de delitos con la falsedad en documento público, cuyo injusto no puede quedar subsumido en la defraudación.